lunes, 27 de abril de 2009

Yo no estaba contra el matrimonio. De hecho, creía en él. Era necesario tener el mejor amigo de una en un mundo hostil, una persona a la que ser leal sin tener en cuenta nada, una persona que siempre te sería leal. Pero ¿qué, entonces, de las cosas que echabas en falta y que al cabo de un tiempo el matrimonio no hacía mucho por aliviar? El desasosiego, el hambre, el puñetazo en el estómago, el puñetazo en el coño, el deseo de ser colmada, de que te jodan por cada agujero, la añoranza de champán seco y besos húmedos, del olor de peonías en un ático en una noche de junio, de la luz al final del malecón de Gatsby... No, no era esto realmente -porque sabía que los muy ricos eran más aburridos que tú y que yo- sino lo que estas cosas evocaban. El sardónico, agridulce vocabulario de las canciones de amor de Cole Porter, las letras tristes y sentimentales de Rodger y Hart, toda la tontería romántica que añorabas con la mitad de tu corazón y de la que te burlabas ásperamente con la otra mitad.

Erica Jong, Miedo a volar (1969)

2 comentarios:

Fer dijo...

genial esta señorita, muy inspirador pese a todo

"...toda la tontería romántica que añorabas con la mitad de tu corazón y de la que te burlabas ásperamente con la otra mitad."

Paqui Hilton dijo...

es mi frase favorita sin lugar a dudas (una de tantas, pues esa novela tiene muchas miles de frases geniales)

y pensar que me costó un euro en la feria del libro...jaja

:)