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lunes, 24 de mayo de 2010

Seremos ricos.

Y yo haré películas para ti, películas del todo impensables. Una para cada estación del año, para cada color del cielo. Para cada día de la semana y cada minuto del reloj. Para cada estado de ánimo. ¡Haré todo cuanto se te antoje! Llorarás de felicidad y las carcajadas borrarán tu tristeza. Te harán volar, detener el tiempo, volverte invisible e incluso desaparecer (o convertirte en sombra). Crearán mundos paralelos donde nos esconderemos, para sonreir sin que nadie pueda vernos. Esconderé aquellas que digan lo mucho que te quiero, junto con las que te transmitan todas las caricias que he reservado en tu ausencia. Algunas te desnudarán y te harán sentir de nuevo un niño. Otras te convertiran en gigante y serás dueño del mundo.
Habrá tantas que ocuparán todo un reino, y todas serán para ti.


Sólo tendrás que pedírmelo y lo haré.
Contigo me siento capaz de TODO.

martes, 6 de abril de 2010

"El juego se había puesto en marcha de nuevo, felicidad en estado puro, natural, volcánico. ¡Que gozada! Era lo mejor del mundo. Mejor que la droga, mejor que la heroína, mejor que el costo, coca, chutes, porros, hachís, petas, hierba, marihuana, rallas, canabis, canutos, anfetas, tripis, ácido, LSD, éxtasis. Mejor que el sexo, que una felación, que un 69, una orgía, una paja, el sexo tántrico, el camasutra, las bolas chinas. Mejor que la nocilla y los batidos de plátano. Mejor que la trilogía de George Lucas, que la serie completa de Los Teleñecos, que el fin del milenio. Mejor que los andares de Emma Phil, la pitufina, Lara Croft, Naomi Campbell y que el lunar de Cindy Crawford. Mejor que la cara B de Abbey Road, que los solos de Hendrix. Mejor que el pequeño paso de Neil Armstrong sobre la luna, el Space Mountain, Papa Noel, la fortuna de Bill Gates, los trazos del Dalai Lama, las experiencias cercanas a la muerte, la resurrección de Lazaro, todos los chutes de testosterona de Schwarzenegger, el colageno de los labios de Pamela Anderson. Mejor que Woodstock y las raves más orgásmicas. Mejor que los excesos del Marques de Sade, Rimbaud, Morrison. Mejor que la libertad. Mejor que la vida."

Jeux d'enfants
Yann Samuell, 2003.

Ñ.

Cuando se desconectó sin darle una respuesta, se sintió tan estúpida que marchó a fumar un cigarro en busca de una explicación. De pronto, lo entendió todo.
Seguramente hubo un terremoto en el que sobrevivieron todos menos su ordenador.
Él se sintió tan desgraciado por no poder contestarle que salió en busca de alguna especie de locutorio, pero no encontró ninguno abierto a esas horas.
Como había olvidado su chaqueta con las prisas, comenzó a tener frío, entonces cansado y abatido regresó a casa.
No podía dejar de pensar en qué pensaría ella, y en lo que hubiera podido ocurrir de no haber sido por ese inoportuno y nefasto terremoto. Y maldiciendo al tiempo, al jodido cambio climatico, y a las fatídicas casualidad de la vida, se dijo a sí mismo que quizá fue cosa del destino y que era mejor así...
"¡Pobrecito!".- pensó - "Lo que está sufriendo y yo aquí, tan egoísta, creyendo que pasó de mi. Soy una persona horrible."
Apagó su cigarrillo y regresó a su cuarto.
Y nunca más volvió dudar de él.

lunes, 29 de marzo de 2010

Se fue el amor y la inspiración con él
y todos se hicieron los sorprendidos.
Estúpidos!)

lunes, 22 de marzo de 2010

Jabalínce

Carlota se levantó y escribió en un papel:
"Prometo no hablarte más, prometo no mirarte más, prometo no pensar en ti.
Si ahora mismo aparecieras solo podría gritarte a la cara lo mucho que te odio.
Eres despreciable."
De pronto sonó la puerta y apareció una nota bajo la rendija. Abrió de forma precipitada y le buscó llena de angustia.
Más tarde descubrió que sólo era propaganda.

sábado, 20 de marzo de 2010

Garrapato

.- ¡No me mires así!, le gritó furiosa.
.- ¿Cómo?
.- Con la absurda mirada de quien quiere hacer
de este aburrido instante algo eterno.
.- ¿Qué debería hacer entonces?
.- Creo que debería marcharte.
.- ¿Eso crees?
.- Si, es exactamente lo que creo.
Y se acurrucó entre sus brazos hasta que se quedó dormida.

lunes, 15 de marzo de 2010

Tortugato

Corrió hacia él y le beso sin preguntar, como si fuera a desaparecer o nunca hubiera existido.
Lo hizo sin decir palabra, sin saludar, sin saber su nombre, su color favorito, ni ninguna otra tonta superficialidad.
Y se besaron hasta que sus bocas se secaron y sus labios se pegaban.
Le besó la frente, los ojos, las uñas y cada una de sus pestañas.
Le besó los dientes, los lunares, las orejas y los dedos de los pies.
Le besó mientras sonreía, le besó seria, y siguió besándole incluso cuando se puso muy triste y comenzó a llorar.
Estuvieron besándose durante minutos, horas, días, y puede que incluso meses.
Después se abrazaron, y cada uno siguió su camino. Tenían cosas que hacer.

lunes, 22 de junio de 2009

Entró en la muchacha como quien entra en la sociedad: extrasiado, solemne, fulgurante y esplendorosamente investido de una ceremonial fantasía del gesto, maravilla perdida de la adolescencia miserable.
Constató, además, un hecho importante en nuestras latitudes: la muchacha no era inexperta, circunstancia que provocó en su mente enfebrecida, transportada, una momentánea confusión. Fue, por un breve instante, como si se hubiese extraviado. No llegó a ser un sentimiento, sino una sensación, un brusco retroceso de la sangre y un vacío en la mente, pero no pasó de ahí y se esfumó enseguida.
Y hasta que no empezó a despuntar el día en la ventana, hasta que la gris claridad que precede al alba no empezó a perfilar los objetos de la habitación, hasta que no cantó la alondra, no pudo él darse cuenta de su increíble, tremendo error. Sólo entonces, tendido junto a la muchacha que dormía, mientras aún soñaba despierto y una vaga sonrisa de felicidad flotaba en sus labios, la claridad del amanecer fue revelando en toda su grotesca desnudez los uniformes de satén negro colgados de la percha, los delantales y la cofias, sólo entonces comprendió la realidad y asumió el desencanto.

Estaba en el cuarto de una criada.


Juan Marsé, Últimas tardes con Teresa (1966)

lunes, 1 de junio de 2009




Podria ver ésta película otras dos mil veces más y me seguiría
poniendo tan jodidamente nerviosa como el primer día.
¿Qué pasa? Hay otros que les van las asiáticas u oler ropa
sucia. Aunque supongo que no pensaría igual si me hubiese
leido la novela...(si Dickens levantara la cabeza)