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martes, 6 de abril de 2010

Ñ.

Cuando se desconectó sin darle una respuesta, se sintió tan estúpida que marchó a fumar un cigarro en busca de una explicación. De pronto, lo entendió todo.
Seguramente hubo un terremoto en el que sobrevivieron todos menos su ordenador.
Él se sintió tan desgraciado por no poder contestarle que salió en busca de alguna especie de locutorio, pero no encontró ninguno abierto a esas horas.
Como había olvidado su chaqueta con las prisas, comenzó a tener frío, entonces cansado y abatido regresó a casa.
No podía dejar de pensar en qué pensaría ella, y en lo que hubiera podido ocurrir de no haber sido por ese inoportuno y nefasto terremoto. Y maldiciendo al tiempo, al jodido cambio climatico, y a las fatídicas casualidad de la vida, se dijo a sí mismo que quizá fue cosa del destino y que era mejor así...
"¡Pobrecito!".- pensó - "Lo que está sufriendo y yo aquí, tan egoísta, creyendo que pasó de mi. Soy una persona horrible."
Apagó su cigarrillo y regresó a su cuarto.
Y nunca más volvió dudar de él.

martes, 23 de marzo de 2010

M.

Comía galletas de queso haciendo formas de corazón. También hizo forma de letras y escribió "naftalina".
Dobló unas cuantas cucharas, cortó su pelo, lo metió en una bolsa. Luego se rió muy fuerte hasta que se sintió tonta y paró.
No recuerdo nada más.

lunes, 22 de marzo de 2010

Jabalínce

Carlota se levantó y escribió en un papel:
"Prometo no hablarte más, prometo no mirarte más, prometo no pensar en ti.
Si ahora mismo aparecieras solo podría gritarte a la cara lo mucho que te odio.
Eres despreciable."
De pronto sonó la puerta y apareció una nota bajo la rendija. Abrió de forma precipitada y le buscó llena de angustia.
Más tarde descubrió que sólo era propaganda.

sábado, 20 de marzo de 2010

Garrapato

.- ¡No me mires así!, le gritó furiosa.
.- ¿Cómo?
.- Con la absurda mirada de quien quiere hacer
de este aburrido instante algo eterno.
.- ¿Qué debería hacer entonces?
.- Creo que debería marcharte.
.- ¿Eso crees?
.- Si, es exactamente lo que creo.
Y se acurrucó entre sus brazos hasta que se quedó dormida.

lunes, 15 de marzo de 2010

Tortugato

Corrió hacia él y le beso sin preguntar, como si fuera a desaparecer o nunca hubiera existido.
Lo hizo sin decir palabra, sin saludar, sin saber su nombre, su color favorito, ni ninguna otra tonta superficialidad.
Y se besaron hasta que sus bocas se secaron y sus labios se pegaban.
Le besó la frente, los ojos, las uñas y cada una de sus pestañas.
Le besó los dientes, los lunares, las orejas y los dedos de los pies.
Le besó mientras sonreía, le besó seria, y siguió besándole incluso cuando se puso muy triste y comenzó a llorar.
Estuvieron besándose durante minutos, horas, días, y puede que incluso meses.
Después se abrazaron, y cada uno siguió su camino. Tenían cosas que hacer.

domingo, 22 de noviembre de 2009

"Hay muchísimas mujeres que piensan que con tal de no llegar hasta el fin con un amante, pueden al menos permitirse, sin ofender a su esposo, un cierto comercio de galantería, y a menudo esta forma de ver las cosas tiene consecuencias más peligrosas que si su caída hubiera sido completa. Lo que le ocurrió a la Marquesa de Guissac, mujer de elevada posición de Nimes, en el Languedoc, es una prueba evidente de lo que aquí proponemos como máxima. " [...]

El fingimiento felíz (o ficción afortunada)
Marqués de Sade (1740-1814)

viernes, 27 de marzo de 2009

La Terrible Historia de Madamme "La Goulue"

Lentamente abrió sus ojos un día más. Hacía ya mucho tiempo que no reconocía su propio reflejo, ni las ratas parecían percatarse de su presencia. A la vista parecía haber nacido así, vieja y arrugada. Sin embargo, Mirellita Ruiz de la Cruz, conocida en el mundo de la farándula como Madame “La goulue” en honor a aquella famosa cabaretera del siglo XIX, musa de Toulouse-Lautrec, no siempre fue así. De hecho fue bella, muy bella; tan bella que su belleza fue el motivo de su fatalidad. Aunque por supuesto a ella jamás la pintaron, y ningún “molino rojo” la quiso entre sus bambalinas, (al menos no el de Paris). Hubo un tiempo en el que cualquier hombre hubiera pagado una fortuna por sumergirse entre sus senos.

 Su historia comienza en el 22 de Octubre del año 1925. 








Mirillita, como era vulgarmente conocida, se crió en un pequeño pueblo al norte de Barcelona. Ya desde muy pequeña llamaba la atención de muchos hombres, entre ellos Don Manuel, el sacerdote del pueblo, un clérigo consumido por la obesidad como es habitual en este oficio, aficionado a la sangre de Cristo y venerador de la figura de la “Magdalena”. Tras varios años soportando los abusos de la santa madre Iglesia, y hecha toda un señorita, decidió escapar y probar suerte en la ciudad. Ya en Barcelona fue actriz y musa, reina de belleza, tanguista y cupletista, amante, fetiche. Comenzó a trabajar en “El Molino”, Le Petit Moulin Rouge como era conocido, junto a Granito de Sal, Condesita Zoe y Lola Montiel. Infinidad de amantes visitaban sus aposentos noche sí, noche también, entre ellos grandes dirigentes políticos como el general  Sanjurjo, Lluis Companys o reconocidas figuras del deporte como el futbolista Ricardo Zamora, pero nunca quiso comprometerse. Romper corazones fue su diversión y coleccionar amantes, su fetiche.

Pero el tiempo no perdona y ahora, cercana al medio siglo, calificada de “alcohólica, con tendencia al delirium tremens” y sin un cartón donde caerse muerta, su nombre cae en el olvido. Se fumó hasta la última colilla, se bebió hasta la última botella y se inyectó la noche hasta el último gramo. Ya no es la Goulue, ahora por cuatro duros se llama como tú quieras. No es más que una sombra, otra vulgar prostituta que vende su dignidad al servicio de cualquier cerdo que le haga una buena oferta. Se metió hasta el infinito, cambió el Belle Epoque de Perrier-Jouet  por el cartón de sangría, y ya no huele a Chanel si no a colilla y sudor. 

La sociedad es así, una vez estás arriba y al minuto estás abajo. El tiempo se convierte en tu peor enemigo y la vejez en una carta de suicidio para quien trafica con su cuerpo. Nuestro cuerpo es solo un préstamo, un alquiler a corto plazo cuyo precio es la vida, sin arrendatario ni garantía. 

Llegados a este punto “La Goulue” como algún día fue conocida  decidió que sólo una heroína podría salvarla y la de esta historia no sería ella. La vida es de esas historias que ya sabes cómo acaban, las drogas solo adelantan el proceso. Todo se vuelve más fácil cuando la felicidad cabe en una bolsita de plástico. Ahora se la inyecta en pequeñas dosis a cualquier hora del día, en cualquier esquina. Abrir los ojos es lo único que le preocupa, abrir los ojos y sobrevivir a su día a día. La muerte es un premio demasiado valioso para quien no tiene nada. Cuando vives como ella vivía, llega un momento en que no temes la muerte, sino la vida. Su único temor era seguir viviendo, su único temor era abrir los ojos y comprobar  que una vez más que seguía respirando. Ahora su piel está marchita, arrugada, consumida por los años y las drogas, consumida por dentro y por fuera y sin ninguna prueba de haber sido joven alguna vez. Ya no queda en su rostro ningún atisbo de aquella belleza, de aquella juventud, no hay vida en sus ojos, tan solo es carne. Sin embargo aún respira

Lo siento, hoy no tuviste suerte.