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lunes, 27 de abril de 2009

Yo no estaba contra el matrimonio. De hecho, creía en él. Era necesario tener el mejor amigo de una en un mundo hostil, una persona a la que ser leal sin tener en cuenta nada, una persona que siempre te sería leal. Pero ¿qué, entonces, de las cosas que echabas en falta y que al cabo de un tiempo el matrimonio no hacía mucho por aliviar? El desasosiego, el hambre, el puñetazo en el estómago, el puñetazo en el coño, el deseo de ser colmada, de que te jodan por cada agujero, la añoranza de champán seco y besos húmedos, del olor de peonías en un ático en una noche de junio, de la luz al final del malecón de Gatsby... No, no era esto realmente -porque sabía que los muy ricos eran más aburridos que tú y que yo- sino lo que estas cosas evocaban. El sardónico, agridulce vocabulario de las canciones de amor de Cole Porter, las letras tristes y sentimentales de Rodger y Hart, toda la tontería romántica que añorabas con la mitad de tu corazón y de la que te burlabas ásperamente con la otra mitad.

Erica Jong, Miedo a volar (1969)

Don Juan (Fragmento)

¡Ay, el amor de las mujeres! Sabemos
que es algo encantador y algo temible.
Todo en esa suerte lo echan, y si pierden
nada la vida tiene ya que darles
excepto burlas del pasado.
Como el salto del tigre es su venganza:
mortal, rauda, aplastante. Su tortura
es tan real, que lo que ellas infligen lo sufren.

Tienen razón. El hombre es a menudo muy injusto con el hombre;
con las mujeres lo es siempre. Les une 
un único vinculo: sólo confían en la perficia.
Enséñales a disimular. Sus corazones, rotos, desesperan
sobre su ídolo, hasta que una lujuria más ardiente
las compra en matrimonio...¿Y que queda luego?
Un marido ingrato - un amanta infiel más tarde-
y después, vestidos, hijos, rezos... y se acabó todo.

Algunas toman un amante, otras se dan a la bebida o a las preces,
otras más cuidan de su casa, otras se disipan, 
algunas se fugan y no hacen más que cambiar de preocupaciones,
perdiendo las ventajas de una posición respetable.
Mas pocos son los cambios que pueden mejorar su suerte
al ser la suya una situación antinatural
desde el palacio aburrido al sucio tugurio.
Y las hay que optan por ser perversas y luego escriben una novela.

Lord Byron,  Don Juan (1819)