viernes, 27 de marzo de 2009

La Terrible Historia de Madamme "La Goulue"

Lentamente abrió sus ojos un día más. Hacía ya mucho tiempo que no reconocía su propio reflejo, ni las ratas parecían percatarse de su presencia. A la vista parecía haber nacido así, vieja y arrugada. Sin embargo, Mirellita Ruiz de la Cruz, conocida en el mundo de la farándula como Madame “La goulue” en honor a aquella famosa cabaretera del siglo XIX, musa de Toulouse-Lautrec, no siempre fue así. De hecho fue bella, muy bella; tan bella que su belleza fue el motivo de su fatalidad. Aunque por supuesto a ella jamás la pintaron, y ningún “molino rojo” la quiso entre sus bambalinas, (al menos no el de Paris). Hubo un tiempo en el que cualquier hombre hubiera pagado una fortuna por sumergirse entre sus senos.

 Su historia comienza en el 22 de Octubre del año 1925. 








Mirillita, como era vulgarmente conocida, se crió en un pequeño pueblo al norte de Barcelona. Ya desde muy pequeña llamaba la atención de muchos hombres, entre ellos Don Manuel, el sacerdote del pueblo, un clérigo consumido por la obesidad como es habitual en este oficio, aficionado a la sangre de Cristo y venerador de la figura de la “Magdalena”. Tras varios años soportando los abusos de la santa madre Iglesia, y hecha toda un señorita, decidió escapar y probar suerte en la ciudad. Ya en Barcelona fue actriz y musa, reina de belleza, tanguista y cupletista, amante, fetiche. Comenzó a trabajar en “El Molino”, Le Petit Moulin Rouge como era conocido, junto a Granito de Sal, Condesita Zoe y Lola Montiel. Infinidad de amantes visitaban sus aposentos noche sí, noche también, entre ellos grandes dirigentes políticos como el general  Sanjurjo, Lluis Companys o reconocidas figuras del deporte como el futbolista Ricardo Zamora, pero nunca quiso comprometerse. Romper corazones fue su diversión y coleccionar amantes, su fetiche.

Pero el tiempo no perdona y ahora, cercana al medio siglo, calificada de “alcohólica, con tendencia al delirium tremens” y sin un cartón donde caerse muerta, su nombre cae en el olvido. Se fumó hasta la última colilla, se bebió hasta la última botella y se inyectó la noche hasta el último gramo. Ya no es la Goulue, ahora por cuatro duros se llama como tú quieras. No es más que una sombra, otra vulgar prostituta que vende su dignidad al servicio de cualquier cerdo que le haga una buena oferta. Se metió hasta el infinito, cambió el Belle Epoque de Perrier-Jouet  por el cartón de sangría, y ya no huele a Chanel si no a colilla y sudor. 

La sociedad es así, una vez estás arriba y al minuto estás abajo. El tiempo se convierte en tu peor enemigo y la vejez en una carta de suicidio para quien trafica con su cuerpo. Nuestro cuerpo es solo un préstamo, un alquiler a corto plazo cuyo precio es la vida, sin arrendatario ni garantía. 

Llegados a este punto “La Goulue” como algún día fue conocida  decidió que sólo una heroína podría salvarla y la de esta historia no sería ella. La vida es de esas historias que ya sabes cómo acaban, las drogas solo adelantan el proceso. Todo se vuelve más fácil cuando la felicidad cabe en una bolsita de plástico. Ahora se la inyecta en pequeñas dosis a cualquier hora del día, en cualquier esquina. Abrir los ojos es lo único que le preocupa, abrir los ojos y sobrevivir a su día a día. La muerte es un premio demasiado valioso para quien no tiene nada. Cuando vives como ella vivía, llega un momento en que no temes la muerte, sino la vida. Su único temor era seguir viviendo, su único temor era abrir los ojos y comprobar  que una vez más que seguía respirando. Ahora su piel está marchita, arrugada, consumida por los años y las drogas, consumida por dentro y por fuera y sin ninguna prueba de haber sido joven alguna vez. Ya no queda en su rostro ningún atisbo de aquella belleza, de aquella juventud, no hay vida en sus ojos, tan solo es carne. Sin embargo aún respira

Lo siento, hoy no tuviste suerte.

1 comentario:

Fraseinteligent dijo...

simplemente no puedo comentarla...mi cara te lo diria todo=)